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Experiencias en marchas cicloturistas.

Hola! Hacía tiempo que no pasaba por aquí. No es porqué no hayan pasado cosas dignas de mencionar, pero quizá por ser tantas, uno no sabe por dónde empezar.

Me gustaría hablaros de las dos experiencias en marchas cicloturistas en las que he participado en la primera mitad del año. Y son significativas, porque son dos pruebas diferentes, en alcance y organización. Hoy la primera, La Ports del Maresme, cerquita de casa y con el Montseny de protagonista más una tachuela de la Serralada de la Marina, el port de Collsacreu. La siguiente, la Montsec-Montsec en Lleida, en la comarca de la Noguera y con una pequeña incursión en el Pallars Jussà. Aquí el actor principal es la Serralada del Montsec, o donde el pre- pirineo empieza a ponerse serio.

La diferencia entre las dos es más que notable. La Ports, más “local”, pequeña, y con un nivel organizativo discreto, aunque aceptable. La Montsec, una de las mejores cicloturistas de España, según la prensa especializada. La sensación es esa, organización de diez, en instalaciones, en cuidados al participante y en variedad y belleza del/los recorridos.

En La Ports, depues de una semana de lluvias, algunas torrenciales, amaneció un precioso día, de aquellos que apetece salir a rodar. Con el Montseny omnipresente en todo el recorrido, en la salida de Areyns tuve la suerte y el placer de conocer a una gran persona, agradable, simpática y solidaria. Me reconoció ella a mí por mi equipación de Renacidos, ya que tenemos amigos comunes. Hemos compartido alguna salida posteriormente, pero Eli está fuerte, y cuando la carretera se empina, no puedo evitar verla marchar. Pero seguirán cayendo salidas, (Eli, no lo dudes). Bien, salimos hacia la costa, subida por Sant Pol y de allí a Collsacreu, pequeño puerto de 5km, pero donde las piernas empiezan a calentarse y el pelotón a estirarse. Con calma, que esto no llega ni a aperitivo. Una vez en Sant Celoni, giro hacia la izquierda (o el sur) para desviarnos hacia Sant Esteve de Palautordera, o lo que es lo mismo, el principio de la “fiesta”. Aquí se puede decir que empieza la subida a Santa Helena, a 1233m, sin olvidarse que venimos del nivel del mar… Primeros kilómetros muy suaves, en los que ir a rueda es beneficioso. Encuentro un pequeño pelotón, al que me engancho, aunque noto que cuando se ponga “pa’rriba” la cosa, me van a dejar tirado como una colilla. Y así es, llegamos al pueblo de Montseny, giro a la derecha y patapum! vamos subiendo. Una antigua pista forestal, de porcentajes moderados aunque con picos del 8/9% hasta Costas del Montseny. Aquí ocurrió una cosa que diferencia una gran marcha de una cualquiera. Primer punto de avituallamiento líquido después de 47 km de prueba. De 700 participantes, calculo que iría en el grupo de 400/500. Pues bien, ya no les quedaba agua. Aunque aseguran que repusieron, era lamentable ver a compañeros que después de haber pagado una inscripción a un precio considerable (el tema de los precios necesitaría una entrada solo para ello) haciendo cola en una fuente pública para recargar bidones.

Afortunadamente, yo llevaba para soportar los 10 km hasta el siguiente avituallamiento. Y en estos 10 km está el meollo de la marcha. Carretera preciosa, entre hayas primero y abetos después, con una naturaleza desbordante, torrentes de agua por el reciente deshielo y las copiosas lluvias… y rampas de hasta el 12 o 14% que hace que todas las maravillas que te rodean pasen desapercibidas, mientras cuentas los metros que faltan para llegar a “las antenas”, punto más alto y avituallamiento sólido y líquido. A pesar de la dureza, lo paso mejor de lo que me había esperado y con la satisfacción de sobrepasar a muchos más de los que me adelantaron. Avituallamiento pobre, unos simples trocitos de coca muy azucarada, chocolate, naranjas y plátanos. Lo dicho, algo simple. Una vez aquí, ya sólo queda el descenso hasta Sant Celoni, subida de nuevo a Collsacreu, pero por el lado más corto y suave. Aún así, para algunos entre los que me incluyo, se hace “pestoso” después de los kms y desnivel acumulado. Control de tiempo en la cumbre y descenso hasta la Salida- Llegada, donde, ahora sí, esperaba una atención digna de mención.

Después de 95 km y +2000m, nos esperaba, desde jamón ibérico al corte hasta una más que aceptable fideuá para reponer fuerzas. Aquí sí que el nivel era algo más que digno. Un detalle que se me había pasado. Con la inscripción, regalo de un maillot, de calidad interesante y diseño muy bonito… Pero negro. Ya sabemos que el negro estiliza, que estéticamente es muy atractivo, pero estando el tema cómo está, no creo que sea el color más adecuado para la carretera. Lo mejor, recorrido precioso por el entorno, conocer a nuevas personas, pero… al ladito de casa y en unas carreteras que transito con asiduidad.

Y para la próxima entrada reservo la crónica de la Montsec-Montsec, mi cita favorita de la temporada.

Gracias por haber llegado hasta aquí.

Nos seguimos viendo!!

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Deporte y solidaridad.

Si llegas a leer esto, es porque eres usuario de las redes sociales. En ellas, reflejo de lo peor y de lo mejor de nuestra sociedad, verás a menudo gente que llegadas fechas señaladas como “día de… ” y a continuación, enfermedades, discapacidades y demás problemas de salud o disfunciones, no duda en llenar sus perfiles con lazos, fotos o buenas intenciones, pero solo eso, intenciones. No seré yo quien dude de la buena voluntad de tanta gente, pero ¿eso es todo lo que podemos hacer? ¿puede ser que con ese gesto pretendamos lavarnos la conciencia? ¿que los demás nos vean como gente “comprometida”?

No voy a entrar en el tema de que cuando tengamos el poder de elegir a quien nos gobierna, elijamos a aquellos que apuestan por la investigación y desarrollo, que también, pero podemos hacer más, mucho más. Y aquí entro en el título del post.

¿Deportista yo? Si, jeje, en mis sueños infantiles. Después, dadas mis limitadas capacidades, lo típico, de adolescente, baloncesto en colegio e instituto, una maravillosa bicicleta “de carreras” (como se decía antes) a los 15 años, cuando hice mis primeros kilómetros ciclistas, equipito de fútbol sala con los amiguetes, práctica ocasional del tenis (el cual aprendí de muy pequeño y desarrollé en las calles a base de las paredes de la desaparecida fábrica de camiones Pegaso) y así nos ponemos en los 30, con una vida sedentaria, kilos de más y solo algún paseo montañero. Hasta que ya más maduro, ves el tiempo perdido y retomas esas aficiones que no deberías haber dejado nunca. Pasó con el tenis, el cual dejé poco antes de que me dejara él a mí y a mi espalda, y volví a sentir el placer de pedalear. Y una vez que te invade esa droga de los pedales, es difícil de abandonarla. Disfrutas, conoces gente, y cada vez te propones retos más difíciles (dentro de unas limitadas posibilidades). Hasta que un día, una anomalía, tira por tierra toda esa bendita normalidad.

 Evidentemente, la bicicleta no ocupa el primer lugar de prioridades, tienes a gente a tu alrededor que se convierten en la principal preocupación. Y si, también crees que no vas a poder hacer algo que te apasiona. Pero pasas el trago, con dosis de bicicleta incluida, y pretendes volver a la normalidad. Te sientes afortunado por superar algo que acaba con demasiada gente y agradecido, a quien ha estado a tu lado, sobre todo, y a esos profesionales que dedican su vida y su pasión a hacernos la supervivencia posible. Aquí viene la segunda parte. ¿Puedo hacer yo algo más? ¿Puedo devolver algo?

Participar en pruebas o marchas forma parte del manual de cualquier aficionado al ciclismo. Entonces te cuentan de que, una vez al año, en Hospitalet de Llobregat, se celebra la marcha Velo Club- Fundación Alba Pérez a beneficio de la investigación de un cáncer infantil. Después de dos participaciones, puedo decir que poco tiene que ver con otras marchas, el ambiente es distinto y aunque nadie está libre de buscar el momento propicio para un “pique”, el buen rollo es una seña de identidad de la marcha. Se ha convertido en una cita ineludible para mi, y su organizador, Nicolás Camarero, en un ejemplo de trabajo y dedicación desinteresado.

Después, recién acabada la temporada de marchas ciclistas, veo que la AECC prepara una de sus carreras contra el cáncer.

 2,5 km, 5 km y 10. No soy “runner” pero el cardio ya lo llevo de serie (el ciclismo es lo que tiene). ¿Porqué no intentar la de 5 km?. Solo se trata de acondicionar otros grupos musculares y estar 25/30 minutos bordeando el umbral anaerobico. En un mes supongo que podré ponerme a tono…

Y si, después de que los primeros dias mis cuadriceps gritaran hasta el infinito y más allá, llegado el día, pude participar de la fiesta, correr 5 km en un discretisimo 28′ 31″, pero con la satisfacción de haber devuelto una milésima parte de lo que ellos son capaces de dar a los demás. Lo dije en mi perfil de FB, las sensaciones fueron buenisimas, y no me refiero a las deportivas. Fue algo más.

Ahora, en mente alguna idea que propuso un compañero que también venció a la enfermedad. No está ni siquiera definida. Pero espero que podamos desarrollarla y llevarla a cabo.

Nada más, siempre habrá una causa, algo o alguien que necesite esa pequeña ayuda, y si disfrutáis haciéndolo, la satisfacción es máxima.
Solidaridad y deporte, la mejor mezcla posible.
Fotos : Kris Moya (Marcha Solidaria) AECC y propia.

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Tenía que decirlo.

Hasta aquí. Hasta aquí he llegado. Harto de odiadores profesionales, harto de gentuza que se alegra del mal ajeno, harto de expertos hablando de algo que no conocen ni de refilón, de impresentables que imponen su “por cojones y si no te vas”, harto de tantos y tantas que vomitan su frustración aplastando al diferente, al que impone su razón de imperio, de justificar violencia de estado en nombre de una ley que se la han saltado, se saltan y se saltarán con el beneplácito de sus votantes, de la cultura del pelotazo, de patriotas callados ante el expolio de su educación, sanidad, derechos laborales, pero que ante el “peligro” de que un pueblo se levante por algo diferente, reacciona de la manera más burda y retrógrada que se pueda esperar, harto de que a los que se les supone buena voluntad, no hagan el mínimo esfuerzo en entender un problema que existe y ahí está, de banderazos, de la mía es más grande… Muy harto.

He tomado una decisión que se que me va a ser muy difícil llevar a cabo. No voy a responder al odio desatado en las redes, a la incomprensión, a los fascistas (si, si, FASCISTAS que hay y muchos) que inundan las redes con comentarios cuanto más ofensivos, más exitosos… No, no quiero entrar en su juego. Lo he hecho demasiadas veces y por muy bien parado que haya salido, no vale la pena la perdida de fuerzas y tiempo. Tenemos un problema y ya está visto, o que nos lo arreglamos nosotros o seguiremos enterrados en la inmundicia de un estado corrupto, paleto y anclado en el patrioterismo más cutre y oxidado que se conoce en la vieja Europa. 

Somos muchos los que creíamos que algo diferente era posible, que lo que empezó a finales de los 70, podría desembocar en un estado diferente, tolerante, plurinacional, plurilingüe pero está visto que no, que ha de prevalecer uno sobre otro, que el “hablad en cristiano!!!” sigue vigente cuarenta años después, que varias generaciones adoctrinadas (vaya con la palabreja, está de moda) en “una, grande y libre” cuesta demasiado cambiarlo por un, por ejemplo, “libertad, igualdad y fraternidad”. Es mi derrota, si, han conseguido acallar una voz discordante con el españolismo cutre y decadente tan orgulloso de ello por el éxito de aporrear ciudadanos, de intervenir instituciones legítimas y más antiguas que el propio estado, y de encarcelar cargos electos en una más que dudosa interpretación de las leyes (nada nuevo bajo el sol de este país). Pero habrá que mirar al futuro y ver que es lo que queremos para nuestros hijos. No sé si será en el mismo estado, en otro diferente, pero  deberemos ser nosotros lo que lo decidamos. Se avecinan tiempos difíciles, cuanto más difíciles, más disfrutarán esos odiadores, pero no nos deben distraer de nuestras metas, de crear algo nuevo y mejor que todo el odio que recibimos. 

Sin distracciones, reflexionemos sobre lo que queremos y necesitamos, movilicemosnos y vayamos a por ello. No será fácil, pero algo diferente y, espero, mejor, está esperándonos. 

Con este mensaje no pretendo hacer amigos, ni perderlos, claro está. Pero desde el respeto, cabemos todos, y él que no, pues se ha equivocado de amigo. Que sepáis, que nadie quiere poner fronteras, que es un argumento nacido de la ignorancia, que solo pretendo que seamos dueños de un destino bajo unas reglas diferentes a las que hemos comprobado que ya no funcionan y no hay visos de que algún día eso cambie.

Es muy agotador tener que explicarse y casi pedir perdón por pensar cómo se piensa, pero debía decirlo. Nada más. 

Que sea lo que queramos que sea.

Un saludo. 

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Están ganando los malos.

Hoy, día laborable, me disponía a hacer una salida de las de disfrutar, hacer km por placer, sin exigencias y hacer la ruta que me apetezca en el momento que quiera. Con mis horarios, es lo que tiene, trabajo cuando estáis de fiesta y estoy de fiesta cuando trabajáis.

Desde el pasado 3 de junio, en el que participé en la marcha Montsec- Montsec 145 km, (cien por cien recomemdable) había salido muy poco. La relajación del objetivo cumplido, algún problema de días u horario y unos pequeños problemas mecánicos en la bici hicieron que, en tres semanas, hubiera hecho los kilómetros que hago en época de intensidad, en una sola semana.

Pero muchas cosas tienen doble lectura. Y esta más.


Desde el atropello de Scarponi en abril, todo ha sido un no parar. Cada fin de semana teníamos la noticia de un nuevo atropello con muerte. O conocer a un gran tipo que ha sido víctima de un accidente por una distracción y que solo su fuerza de voluntad y actitud ante la adversidad, está tirando para adelante (que grande eres, Gerard), o un compañero con el que he compartido ruta se lo lleven por delante y milagrosamente solo salga con rasguños y el culpable se dé a la fuga (un domingo  por la mañana en un tramo de doble carril), el atropello de Juanjo Méndez en una carretera por la que paso asiduamente. Entonces llegó el
 atropello múltiple de Oliva por una conductora borracha y drogada. Mucho eco en los medios… Pero nada cambió. A la semana siguiente otro, y después otro, y otro… Un no parar. Casi todos con el factor común de conductor borracho y drogado que se da a la fuga.Reflexionas y crees que es algo inevitable, que estos seres asociales han existido siempre. Solo que ahora somos más los que salimos a la carretera con bici y, por tanto, más posibilidad de que nos veamos afectados por estos indeseables. Pero reflexionando, me doy cuenta que hay algo más. Algún día he podido salir, y ha bastado un poco de aire o un cielo amenazante (con un poco de amenaza bastaba) de lluvia, para que prefiriera quedarme en casa. Ese algo más es, simple y llanamente, miedo.

Me explicaré. Nunca he tenido un problema grave con un coche, a parte de los típicos que no respetan el metro y medio, es más, creo que últimamente se respeta un poquito más que antes. He tenido alguna caída, muy leve y con consecuencias económicas, (con lo que cuestan las prendas de invierno de calidad y pegarle una buena rascada con rotura a la segunda salida duele más que a tu propia piel). Pero el motivo es algo que me inquieta.

Basta abrir los comentarios o ver los twits de respuesta cada vez que hay un accidente. Me he tomado la molestia de hacer un pequeño estudio de ellos. Si nos vamos al caso más flagrante, la asesina borracha y drogada que mató a tres ciclistas en Oliva (Valencia) y tomando como referencia medios que podríamos calificar de “serios” (cada vez necesitan más las comillas) El País, La Vanguardia y El Periódico, más de la mitad de respuestas no son para condenar a la asesina, no, es para soltar esas ignorantes, odiosas, estúpidas y sobre todo, falsas acusaciones a todo el colectivo ciclista. Si sois usuarios de las redes, no creo que haga falta demasiado detalle de cuáles son. “Impuesto de circulación”, “saltarse los semáforos” “ir por las aceras como locos” “llevar seguro” bla, bla y más bla, esa eterna retahíla de acusaciones que resulta inútil desmentir. Si con una conducta así, con inocentes muertos por alcohol y drogas y  con cobardes asesinos huyendo del lugar a ver si tienen la suerte de que les cojan cuando se les haya pasado la cogorza, la respuesta casi mayoritaria es esta, ¿que empatía podemos esperar?.  Con eso y no por los propios asesinos, es por lo qué cuando me estoy vistiendo para salir, me asaltan esos miedos. No es la locura de un borracho, es el odio que despertamos. ¿Es seguro salir en estas condiciones? No sé. Pero el pensarlo y que hagan que algún día no salga, es su pequeña gran victoria. Hoy he salido. Una vez en ruta, me olvido de todos ellos. El comportamiento general ha sido bueno. He disfrutado de un tiempo magnífico, 80 km y me he sentido bien, muy bien. He disfrutado, he sido feliz durante tres horas y no me he acordado de tanto indeseable. Nada especial, solo disfrutar de la ruta. No quiero que ganen. Y cada día que no salgo, es su pequeña gran victoria.

Están ganando.

 Por favor, hagamos que no ganen.


 

 


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Harto, muy harto.

Harto de muertes. Harto de tanto odio en las redes. Harto de tanta pasividad de las administraciones. Harto de la (in) justicia. Harto de tanto culpabilizar a las víctimas. Harto de incomprensión, falta de empatia y de desprecio a la vida ajena.

Hoy, en Oliva (Valencia), una conductora, borracha, atropella y mata a tres ciclistas. Indignación en los medios, en los grupos sociales de practicantes o amantes del ciclismo. Tres personas cuyo único delito era ir en bicicleta por una carretera. Quedan unas vidas truncadas injustamente, unas familias destrozadas y unos amigos y compañeros traumatizados de por vida.

Y después está ella. Una joven de 28 años que triplicaba la tasa máxima de alcohol en sangre. Su futuro es fácilmente previsible. Como mucho, hoy dormirá detenida y mañana el juez la pondrá en libertad con cargos. Si tiene un mínimo de entrañas, vivirá toda su vida con ese peso en la conciencia, pero esto solo es de suponer. Porque la ley no castiga el homicidio imprudente. Legalmente, dos años de prisión​, que casi nunca se cumplen, retirada de permiso de conducir y una indemnización que nunca pagará porque ya se cuidará de trabajar en negro (en esto, este país si que esta muy avanzado) o con salario oficial bajo, para no tener que abonar una cantidad que nunca será lo suficiente en relación al daño causado. Así está la justicia y no parece que la cosa vaya a cambiar, por mucho que TODOS los grupos políticos apoyaran a Anna García López en su lucha #porunaleyjusta, donde más de 200.000 firmantes reclamabamos una modificación que endureciera las penas a los culpables y, sobre todo, amparara a las víctimas de accidentes de tráfico.
Y después viene la otra pata de la mesa. Es la menos importante, pero la más significativa sobre la sociedad en la que vivimos. Basta darse una vuelta por las redes para leer los habituales comentarios de “claro, van por la carretera y se la juegan” “las bicicletas al monte” (ahora, que se está poniendo de moda poner trampas para las btt), “claro, se saltan los semáforos” “que paguen impuesto de circulación” (como si existiera tal impuesto y no el de vehiculos a motor) “cogéis la carretera solo para joder al prójimo” (esto me lo han llegado a decir a mi) y demás lindezas que son demasiado habituales como para creer en “casos aislados​”. Es esa sociedad enferma que adora al dios motor, a la que es capaz de culpabilizar a la víctimas aún estando sus cuerpos calientes. Está sociedad, que creiamos que había dejado de culpar de las violaciones a las mujeres por ir provocando, a las víctimas de violencia doméstica por no elegir bien con quién se juntan y en definitiva, al inocente que comete el error de ponerse a tiro del delincuente. Esa sociedad sale a flote cada fin de semana tras el asesinato de gente que solo hace una actividad que a algunos les causa una perdida de segundos preciosos en sus vidas.
¿Autocritica? Muchísima. También estoy harto de estar con mi bici parado en un semáforo y que te pasen un grupo de ciclistas y que te miren como si tu fueras el bicho raro, cuando ante coches parados en un semáforo prefiero no adelantar a los coches que acaban de adelantarme para que no lo deban de volver a hacer aunque sea incomprendido por algunos compañeros. Muy harto de tanto incivismo en dos ruedas. Pero ante esto ¿que cabe? ¿arrollar a los ciclistas por incivicos? ¿prohibirnos ir por las carreteras porque los coches tienen más derecho? ¿ponernos una matricula? (está última ya es el colmo del papanatismo). Las soluciones que se proponen siempre son las de prohibir y culpabilizar a un colectivo. Quizá pensar en el respeto mutuo sea una utopía. Llamadme ingenuo, pero…
Y como siempre que hablo de, por y para cierto colectivo, me gusta acabar con aquella famosa frase de una mítica serie de los ochenta: “Tened cuidado ahí fuera”.

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Aquí empieza esto

Este es mi estreno en el blog. Y para empezar, un apunte de un hecho que ha marcado un antes y un después. Hace poco más de un año desde que me encontraron el bicho. Un tiempo donde he vivido sorpresa, miedo, ira, confusión, fustracion, angustia, rabia, dolor, pesimismo, tristeza, esperanza, optimismo, debilidad, fuerza, alegría. Un tobogán de sensaciones. El bicho me ha dejado cicatrices, no físicas, pero sobre todo, he redescubierto amigos, he conocido nuevos, y me ha enseñado a relativizar las cosas. Todo toma otra dimensión, y las cosas pequeñas se convierten en la razón por la que vale la pena luchar. Se aprende a valorar tomar un café con un amigo, a darte cuenta que no estás solo, una buena charla en una buena mesa, a ese paseo con tu pareja en esa ciudad que es la tuya desde que naciste, a que esa persona que va creciendo, se convierte en un proyecto de un buen ser humano, a pedalear contigo mismo y tus pensamientos, devorando kilómetros (¿que os pensabais, que no lo iba a mencionar? ) descubrir que cuanto más sabes, más te falta por saber. En fin, una experiencia que enriquece el espíritu. No le guardo rencor al bicho, porque creo que me ha hecho mejor. Se que hay cosas que me quedan por mejorar, pero esto me ha enseñado que nunca hay que dejar de intentar ser mejor, mejor persona. En ello me hallo. Si tengo éxito o no, no seré yo el que lo juzgue, pero prometo seguir intentándolo. Ahora a seguir viviendo e intentando amontonar buenos momentos.

El bicho siempre estará amezante, pero prometo darle mazazo si se le ocurre asomar de nuevo. Os quiero seguir dando la paliza mucho tiempo. Ahora, en esta plataforma espero contaros como es ese nuevo discurrir. Ya sabéis, aquí habrá un poco de todas esas cosas que me inquietan, que espero que sean las vuestras también.