Están ganando los malos.

Hoy, día laborable, me disponía a hacer una salida de las de disfrutar, hacer km por placer, sin exigencias y hacer la ruta que me apetezca en el momento que quiera. Con mis horarios, es lo que tiene, trabajo cuando estáis de fiesta y estoy de fiesta cuando trabajáis.

Desde el pasado 3 de junio, en el que participé en la marcha Montsec- Montsec 145 km, (cien por cien recomemdable) había salido muy poco. La relajación del objetivo cumplido, algún problema de días u horario y unos pequeños problemas mecánicos en la bici hicieron que, en tres semanas, hubiera hecho los kilómetros que hago en época de intensidad, en una sola semana.

Pero muchas cosas tienen doble lectura. Y esta más.


Desde el atropello de Scarponi en abril, todo ha sido un no parar. Cada fin de semana teníamos la noticia de un nuevo atropello con muerte. O conocer a un gran tipo que ha sido víctima de un accidente por una distracción y que solo su fuerza de voluntad y actitud ante la adversidad, está tirando para adelante (que grande eres, Gerard), o un compañero con el que he compartido ruta se lo lleven por delante y milagrosamente solo salga con rasguños y el culpable se dé a la fuga (un domingo  por la mañana en un tramo de doble carril), el atropello de Juanjo Méndez en una carretera por la que paso asiduamente. Entonces llegó el
 atropello múltiple de Oliva por una conductora borracha y drogada. Mucho eco en los medios… Pero nada cambió. A la semana siguiente otro, y después otro, y otro… Un no parar. Casi todos con el factor común de conductor borracho y drogado que se da a la fuga.Reflexionas y crees que es algo inevitable, que estos seres asociales han existido siempre. Solo que ahora somos más los que salimos a la carretera con bici y, por tanto, más posibilidad de que nos veamos afectados por estos indeseables. Pero reflexionando, me doy cuenta que hay algo más. Algún día he podido salir, y ha bastado un poco de aire o un cielo amenazante (con un poco de amenaza bastaba) de lluvia, para que prefiriera quedarme en casa. Ese algo más es, simple y llanamente, miedo.

Me explicaré. Nunca he tenido un problema grave con un coche, a parte de los típicos que no respetan el metro y medio, es más, creo que últimamente se respeta un poquito más que antes. He tenido alguna caída, muy leve y con consecuencias económicas, (con lo que cuestan las prendas de invierno de calidad y pegarle una buena rascada con rotura a la segunda salida duele más que a tu propia piel). Pero el motivo es algo que me inquieta.

Basta abrir los comentarios o ver los twits de respuesta cada vez que hay un accidente. Me he tomado la molestia de hacer un pequeño estudio de ellos. Si nos vamos al caso más flagrante, la asesina borracha y drogada que mató a tres ciclistas en Oliva (Valencia) y tomando como referencia medios que podríamos calificar de “serios” (cada vez necesitan más las comillas) El País, La Vanguardia y El Periódico, más de la mitad de respuestas no son para condenar a la asesina, no, es para soltar esas ignorantes, odiosas, estúpidas y sobre todo, falsas acusaciones a todo el colectivo ciclista. Si sois usuarios de las redes, no creo que haga falta demasiado detalle de cuáles son. “Impuesto de circulación”, “saltarse los semáforos” “ir por las aceras como locos” “llevar seguro” bla, bla y más bla, esa eterna retahíla de acusaciones que resulta inútil desmentir. Si con una conducta así, con inocentes muertos por alcohol y drogas y  con cobardes asesinos huyendo del lugar a ver si tienen la suerte de que les cojan cuando se les haya pasado la cogorza, la respuesta casi mayoritaria es esta, ¿que empatía podemos esperar?.  Con eso y no por los propios asesinos, es por lo qué cuando me estoy vistiendo para salir, me asaltan esos miedos. No es la locura de un borracho, es el odio que despertamos. ¿Es seguro salir en estas condiciones? No sé. Pero el pensarlo y que hagan que algún día no salga, es su pequeña gran victoria. Hoy he salido. Una vez en ruta, me olvido de todos ellos. El comportamiento general ha sido bueno. He disfrutado de un tiempo magnífico, 80 km y me he sentido bien, muy bien. He disfrutado, he sido feliz durante tres horas y no me he acordado de tanto indeseable. Nada especial, solo disfrutar de la ruta. No quiero que ganen. Y cada día que no salgo, es su pequeña gran victoria.

Están ganando.

 Por favor, hagamos que no ganen.


 

 


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Harto, muy harto.

Harto de muertes. Harto de tanto odio en las redes. Harto de tanta pasividad de las administraciones. Harto de la (in) justicia. Harto de tanto culpabilizar a las víctimas. Harto de incomprensión, falta de empatia y de desprecio a la vida ajena.

Hoy, en Oliva (Valencia), una conductora, borracha, atropella y mata a tres ciclistas. Indignación en los medios, en los grupos sociales de practicantes o amantes del ciclismo. Tres personas cuyo único delito era ir en bicicleta por una carretera. Quedan unas vidas truncadas injustamente, unas familias destrozadas y unos amigos y compañeros traumatizados de por vida.

Y después está ella. Una joven de 28 años que triplicaba la tasa máxima de alcohol en sangre. Su futuro es fácilmente previsible. Como mucho, hoy dormirá detenida y mañana el juez la pondrá en libertad con cargos. Si tiene un mínimo de entrañas, vivirá toda su vida con ese peso en la conciencia, pero esto solo es de suponer. Porque la ley no castiga el homicidio imprudente. Legalmente, dos años de prisión​, que casi nunca se cumplen, retirada de permiso de conducir y una indemnización que nunca pagará porque ya se cuidará de trabajar en negro (en esto, este país si que esta muy avanzado) o con salario oficial bajo, para no tener que abonar una cantidad que nunca será lo suficiente en relación al daño causado. Así está la justicia y no parece que la cosa vaya a cambiar, por mucho que TODOS los grupos políticos apoyaran a Anna García López en su lucha #porunaleyjusta, donde más de 200.000 firmantes reclamabamos una modificación que endureciera las penas a los culpables y, sobre todo, amparara a las víctimas de accidentes de tráfico.
Y después viene la otra pata de la mesa. Es la menos importante, pero la más significativa sobre la sociedad en la que vivimos. Basta darse una vuelta por las redes para leer los habituales comentarios de “claro, van por la carretera y se la juegan” “las bicicletas al monte” (ahora, que se está poniendo de moda poner trampas para las btt), “claro, se saltan los semáforos” “que paguen impuesto de circulación” (como si existiera tal impuesto y no el de vehiculos a motor) “cogéis la carretera solo para joder al prójimo” (esto me lo han llegado a decir a mi) y demás lindezas que son demasiado habituales como para creer en “casos aislados​”. Es esa sociedad enferma que adora al dios motor, a la que es capaz de culpabilizar a la víctimas aún estando sus cuerpos calientes. Está sociedad, que creiamos que había dejado de culpar de las violaciones a las mujeres por ir provocando, a las víctimas de violencia doméstica por no elegir bien con quién se juntan y en definitiva, al inocente que comete el error de ponerse a tiro del delincuente. Esa sociedad sale a flote cada fin de semana tras el asesinato de gente que solo hace una actividad que a algunos les causa una perdida de segundos preciosos en sus vidas.
¿Autocritica? Muchísima. También estoy harto de estar con mi bici parado en un semáforo y que te pasen un grupo de ciclistas y que te miren como si tu fueras el bicho raro, cuando ante coches parados en un semáforo prefiero no adelantar a los coches que acaban de adelantarme para que no lo deban de volver a hacer aunque sea incomprendido por algunos compañeros. Muy harto de tanto incivismo en dos ruedas. Pero ante esto ¿que cabe? ¿arrollar a los ciclistas por incivicos? ¿prohibirnos ir por las carreteras porque los coches tienen más derecho? ¿ponernos una matricula? (está última ya es el colmo del papanatismo). Las soluciones que se proponen siempre son las de prohibir y culpabilizar a un colectivo. Quizá pensar en el respeto mutuo sea una utopía. Llamadme ingenuo, pero…
Y como siempre que hablo de, por y para cierto colectivo, me gusta acabar con aquella famosa frase de una mítica serie de los ochenta: “Tened cuidado ahí fuera”.

Aquí empieza esto

Este es mi estreno en el blog. Y para empezar, un apunte de un hecho que ha marcado un antes y un después. Hace poco más de un año desde que me encontraron el bicho. Un tiempo donde he vivido sorpresa, miedo, ira, confusión, fustracion, angustia, rabia, dolor, pesimismo, tristeza, esperanza, optimismo, debilidad, fuerza, alegría. Un tobogán de sensaciones. El bicho me ha dejado cicatrices, no físicas, pero sobre todo, he redescubierto amigos, he conocido nuevos, y me ha enseñado a relativizar las cosas. Todo toma otra dimensión, y las cosas pequeñas se convierten en la razón por la que vale la pena luchar. Se aprende a valorar tomar un café con un amigo, a darte cuenta que no estás solo, una buena charla en una buena mesa, a ese paseo con tu pareja en esa ciudad que es la tuya desde que naciste, a que esa persona que va creciendo, se convierte en un proyecto de un buen ser humano, a pedalear contigo mismo y tus pensamientos, devorando kilómetros (¿que os pensabais, que no lo iba a mencionar? ) descubrir que cuanto más sabes, más te falta por saber. En fin, una experiencia que enriquece el espíritu. No le guardo rencor al bicho, porque creo que me ha hecho mejor. Se que hay cosas que me quedan por mejorar, pero esto me ha enseñado que nunca hay que dejar de intentar ser mejor, mejor persona. En ello me hallo. Si tengo éxito o no, no seré yo el que lo juzgue, pero prometo seguir intentándolo. Ahora a seguir viviendo e intentando amontonar buenos momentos.

El bicho siempre estará amezante, pero prometo darle mazazo si se le ocurre asomar de nuevo. Os quiero seguir dando la paliza mucho tiempo. Ahora, en esta plataforma espero contaros como es ese nuevo discurrir. Ya sabéis, aquí habrá un poco de todas esas cosas que me inquietan, que espero que sean las vuestras también.